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Historias de Terapeutas Cros-Culturales: Algoritmos, Escritura Terapéutica y Salud Mental



Antes de la tan maravillosa semana de descanso (merecidamente llamada en nuestro país semana santa) tuve una reunión con el experto en informática que nos ayuda con la página web del centro. En esa reunión además de confirmar mi alta necesidad de adquirir más conocimiento en nuevas tecnologías descubrí la idea de escribir para el lector más técnico e influyente que jamás habría pensado tener: el algoritmo.


Yo: “Pero, ¿por qué un blog?, ya nadie lee los posts, no es que no queramos hacerlo, es que pensamos que ya a nadie le interesa”

Informático: “Y así es, nadie va a leer blogs y probablemente no leerán tus posts, pero a Google le gusta, y eso es lo importante”


Y a partir de ahí: keywords, que suene hecho por


una persona (solo con que suene basta), número de caracteres y oye, que ahí está chatgpt, ¿se dará cuenta Google que tal vez lo ha escrito un primo suyo?


La escritura con la que contamos desde hace tantos miles de años, que nace en Mesopotamia, dibuja la historia de Egipto, es una pieza clave en el nacimiento de las civilizaciones y nos ha permitido nutrirnos del conocimiento de la filosofía griega y de historias que explican la naturaleza humana al nivel del mejor tratado de psicología como La Ilíada, ahora tiene como lector principal al algoritmo. Al menos la escritura digital de más de 500 caracteres.


Esta situación puede llevarnos a distintas conclusiones, críticas o incluso esperanzas, puede incluso hacernos caer en la indefensión aprendida (la sensación de que de nada servirá lo que haga, o escriba) y en una apatía que nos hará pedirle a una inteligencia artificial que nos escriba un texto para que luego otra lo valide, la vida entre algoritmos.




Pero también nos podemos plantear para qué o para quien escribimos y cuanto de lo que escribimos busca la validación social o está altamente conectado con el ego.


Podemos retomar la idea de escribir para nosotros, escribir para ponerle palabras a lo que sentimos o para aclarar lo que pensamos.


Podemos escribir para conectar con el momento presente a primera hora de la mañana, para darnos un tiempo para enfocar y diseñar nuestro día.


Podemos escribir para encontrar serenidad y estados de Flow en


mitad del caos y la vorágine de estimulación y estrés.


Podemos escribir para volver a ser niños y jugar a inventarnos las más fantásticas historias.

Podemos escribir para pasar un rato con nosotros mismos y con nuestra mente en el aquí y ahora.


Los beneficios terapéuticos de la escritura no son ningún misterio, cuando escribimos nos permitimos poner nombre a como nos sentimos, a través de nuestra


s historias o las de otros.


También activamos regiones cerebrales como el córtex prefrontal implicada en la razón y el análisis y así somos capaces de suavizar ciertos estados emocionales.

La escritura, sea para otros, para ti o para el algoritmo es terapéutica porque reconoce, relaja y crea.




Podemos escuchar y distraernos, podemos leer y perder la concentración, podemos ver y no observar, pero difícilmente podemos escribir y pensar en otra cosa al mismo tiempo.

En terapia la escritura nos sirve para trabajar la salud mental de distintas formas, nos ayuda a promover el autoconocimiento, nos ayuda a entrenar la regulación emocional, nos permite jugar con el lenguaje construyendo metáforas liberadoras y también nos ayuda a diseñar la vida que queremos vivir.

¿Cuánto tiempo de tu día puedes dedicar a escribir para ti?

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